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La noche tiene ojos de ramera.

La noche tiene ojos de ramera. Si la noche tiene ojos de ramera, si mis alumnos feos son los más listos, si los más guapos son los que más pierden el tiempo, si mi hija consigue seguir así sin pegarse un batacazo –empieza a andar-, si todo sigue igual, prometo seguir escribiendo.

Sí, ayer releí esta cita de Shopenhauer en un libro de Azúa –siento pasión por su forma de escribir ensayo-, concretamente en el titulado El aprendizaje de la decepción y digo que estoy releyendo el libro porque la primera lectura me supo a poco y es que con fragmentos como este, que os voy a decir, opinad vosotros mismos:

“¿Y por qué se considera, oficialmente, que el muerto de la autopista es diferente al muerto en atentado? La respuesta es de sentido común: porque el muerto de autopista se ha matado, en tanto que el otro ha sido asesinado. Pero esto es un sofisma. La verdadera diferencia estriba en que las sociedades industriales admiten el gasto en muertos inherente al uso del automóvil, pero no el gasto en muertos inherente a la chifladura política, religiosa o sexual. Así se acepta sin pestañear el sofisma siguiente: el muerto de autopista le ha matado su propia libertad de usar el coche (como si tuviera alternativa real), y al de atentado lo ha matado la libertad ajena (como si el neurótico fuera “libre”). Este monumental enredo esconde una verdad espeluznante: hay muertes permitidas y muertes prohibidas; hay una violencia tolerada y otra utilizada como coartada para ocultar la primera”.

(Felix de Azúa. El aprendizaje de la decepción)

5 comentarios

Alsen Bert -

A pesar de todo creo que Azúa podría hacer la comparación en una sociedad agrícola y mira por donde seguro que el homo neanderthal se cargaba a hominis sapiens por gusto y viceversa.

No es cuestión de sociedades sino de mentes y repito, ¡de cultura!

Y la cultura evidentemente está relacionada con la religión y muchas de las atrocidades cometidas en este planeta tierra son consecuencia de la tergiversación de una religión que se ha atomizado en tantas interpretaciones como individuos dicen estar on line con ella.

Es complejo el tema si se analiza con hielo, vaso y licor de café.

Saludos Kiri

Kiri -

De todas maneras, insisto en que es una teoría muy personal. Una sospecha, más bien.

Kiri -

Hum... Sí, debemos tener algún gen que nos hace rechazar causar la muerte.
Ya verás como los científicos lo encuentran, ya.

Alsen Bert -

¿Nuestros genes? ¿Yo tengo ese gen, tú tienes ese gen? Déjame dudar.

Equiparar a un hombre que asesina con otro que no se le cruza esa idea por la cabeza es peligroso.

¿Es algo genético? Más bien diría que cultural, es más, de transcendencia.

Kiri -

Estoy de acuerdo un cacho sí y otro no. Cacho que sí: es verdad que existe esa violencia tolerada, dada por aceptable, derivada de la forma de vida que nos han impuesto de hecho, en la sociedad industrial.
Cacho que no: yo creo que-teoría muy personal- el acto de voluntad consistente en ponerse a apretar un gatillo para matar a un semejante, repugna a nuestros genes hasta lo insoportable. A los genes del que aprieta el gatillo también, aunque quizá no lo perciba en ese momento.
Es el matiz de "ponerse a" matar lo muy jodido del asunto.
Aunque desde luego, las autopistas, el estrés, las jornadas laborales terribles, etc. etc. nos sacrifican igual que a conejos para el guiso con el cual unos pocos se ponen las botas.
No sé si me he explicao.

La noche tiene ojos de ramera, sí.