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Morenas en una morena.

Morenas en una morena. En una mujer he descubierto a todas las mujeres.

Había oído esta idea miles de veces pero ayer en RNE 3 durante el programa de Siglo XXI en la sección del buzón de voz que tienen los oyentes para dejar sus mensajes, hacia las 10.30 de la mañana, se hizo muy presente. Tanto que estuve reflexionando sobre ella durante bastante tiempo; tanto, tanto que analizas pormenorizadamente la relación con la persona que has elegido para toda la vida.

Las elecciones siempre las he considerado así, a “tutti plen” porque detrás de una decisión siempre ha de existir una consideración, un sopesar, unos pros, unos contras pero cuando la decisión afecta a un nivel tan importante como el de la felicidad sentimental has de estar muy, muy seguro de no equivocarte. A seguridad creo que me ganan dos personas en este mundo –mi madre y mi hija- y acerté. Además, me adentré en los vericuetos de la reflexión y llegué a considerar que el truco estaba en presentizar las decisiones importantes, repito, importantes, durante toda tu vida, buscarles un acomodo aún cuando se den o se hayan dado situaciones que quieran expulsarlas. Una decisión bien tomada es torre, maciza, defensiva, ofensiva e inexpugnable frente a los avatares que como ejército organizado puedan acontecer.

Y entre las veredas asfaltadas de la Sierra de Segura, entre los chasquidos de los primeras berreas de la temporada, con la ventanilla bajada, inhalando ese frescor aventajado que la Sierra desprende, con el motor a pocas revoluciones, una ardilla allí, otra acá, hice muy presente la intervención de aquel oyente que hablaba de su compañera, de su mujer, de su nena y le di las gracias, a mi manera, porque son demasiadas las veces en las que la rutina diaria y laboral te impide divisar el firmamento sentimental.

Paré a tomar un café cortado en un hotelito rural, saboreé el momento y cogí un catálogo de casas rurales de la zona que había sobre la barra para empezar a pergeniar un fin de semana más.

Ella verá a una ardilla por primera vez y querrá perseguirla, balbucerará. Ella otra oirá con más frecuencia ese piropo, en ella, todas las mujeres.

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